Desnudas mi alma cuando me sonríes al habla,
llenándome de sensaciones atípicas,
inexplicables por las leyes de la física,
que me hacen dudar de la existencia de la magia.
El poder de tus palabras aladas,
que alzadas al vuelo producen ese exquisito sonido,
recibido por mi dichoso y privilegiado oído,
se atomizan recorriendo todo mi cuerpo.
A cada sílaba me detengo,
vocales y consonantes danzan alborotadas,
a su preciso tiempo y en su debido momento,
sin alterar el sentido de sus causas.
Te pronuncias con seguridad y firmeza,
acompañado de divertidas muecas y diversos gestos,
dejándome a veces disfrutar de tu tacto,
acercándote y erizándome la piel con tu aliento.
Mi cuerpo, que reacciona al natural,
sucumbiendo por supuesto a mi inconsciente deseo,
produce en mi barriga un hormigueo,
engendrando un delicioso cosquilleo compuesto de nervios.
Mis músculos se relajan, se destensan,
yo que he sido tan inexpugnable,
me desorbito con esta facilidad de principiante,
volviendo a los orígenes de mi inocencia.
Lo germinado da sus frutos,
mi sonrisa se ensancha y mis ojos te reclaman,
el festín del que disfrutan mis sentidos,
se vuelve incesante y ambicionan que sea perdurable.
Ojalá no te calles nunca, no te marches nunca,
que vivirlo sea mi rutina preferida y sustancial en mi vida,
para así no tener que pensar en una superable realidad,
porque no podría concebir, ni anhelar otra alternativa.
viernes, 26 de septiembre de 2014
sábado, 20 de septiembre de 2014
Me deje llevar
Todos
me aconsejaban supuestamente pensando en mí, me recomendaban aquello que me iba
a hacer llevar una vida estable y feliz, me advertían que tenía capacidades de
sobra para poder conseguirlo, me aseguraban unas salidas laborales y muchas
oportunidades sin tener que sufrir la espera… pero aquí me veis, sin hacerle
caso a ninguno de estos oradores que me prometían la gloria dedicándome a unas
actividades que sólo me producían desinterés. ¿Cómo iba a ser feliz estudiando
Economía si odio las matemáticas? ¿Cómo iba a decantarme por el mundo de las
ciencias si nunca me ha gustado ni la física ni la química? ¿Cómo iba yo a
opositar para abogado si no creo en el cumplimiento de las leyes ni en la
justicia por igual en todos los seres?... Mi filantropía, mi pasión por los
logros y fracasos del ser humano, mi eterna pasión por el saber sólo podía
hacerme caer en esta jauría de eruditos en potencia, acorralada por los
conocimientos de personas tanto
encantadas como desencantadas por el mundo.
Caí
en la Historia.
Tener
éxito en la vida se equivale a tener dinero y poder, pero para mí no son las
variables que me hacen esforzarme día a día, sé que muy difícilmente optando
por vivir la vida de una historiadora esos deseos se puedan hacer realidad, sin
embargo, si podrá ocurrir en mí el sentir de una vida plena y llena de
vocación. De romántica peco. En esta época que me ha tocado vivir en el que el
ser humano es tan escéptico, donde las artes son un placer secundario, el
neoliberalismo es nuestro líder moviéndonos por la poca productividad que
tienen las carreras de Letras; yo decido guiarme por los libros y no por el
equilibrio de la bolsa del mercado, es decir, soy una completa antisistema.
Decían los miembros de una corriente histórica, que no todo en esta vida se puede
calcular y reducirse a números, no todo puedo ser llevado a cifras y
estadísticas, no todo el ser humano está compuesto por elementos tangibles con
capacidad de ser estudiados en laboratorios… Y os lo aseguro, aunque este
sistema capitalista nos quiera reducir a cenizas a todos los que nos movemos
por esta pasión, no estoy dispuesta a desistir a dejar de lado la vida que creo
que realmente me puede hacer feliz, dispuesta a dar guerra sin dejar que me invadan los asuntos mundanos.
Y cómo me sugiere el sociólogo Eduard
Punset, voy a realizar esta actividad que me hace vibrar, que me apasiona, voy
a dedicarme en cuerpo y alma a practicarla y voy a convertirme en una experta,
para poder compartir este don con el resto de seres que me rodean, y sobre
todo, nunca voy a dejar de aprender.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
19
No me gusta ponerme tacones, ni tener que depilarme el vello
de ciertas partes
porque no son capaces de agradarte.
Me gustaría que supieras que no tienes por qué maquillarte, y
si lo haces, es porque a ti te complace.
Odio que me impongan un canon de estética, y decidan cuales
tienen que ser mis medidas perfectas.
Me enorgullece decir que no cuando me tratan como una presa,
que me valoren por algo más que por mis piernas modélicas.
Me indigna que echen la culpa a mi periodo menstrual cuando
estoy sensible y más nerviosa de lo normal.
Me enerva que un político me diga cuándo debo tener un hijo,
creo que debo ser yo quien decida cuando y como dar a luz a un niño.
Me fortalece ver a mi madre llevar la casa para adelante,
tener tantas obligaciones como deberes y no rendirse ni quebrarse.
Irritante es que me llamen puta por hacer lo que yo quiera y
no lo que a ellos les gusta, que me llamen monja cuando les disgusta.
No entiendo ese miedo de ir sola de noche por la calle, la
sociedad nos educa desemejante, y las costumbres me preocupan por ser la excusa
o la disculpa de ese comportamiento intolerante.domingo, 7 de septiembre de 2014
El fin
Te hallas ausente estando presente.
Me ignoras con ganas y me diviertes sin ansias.
Me sonríes sin ánimo y me rechistas con descaro.
Me vacilas normalmente y me piropeas brevemente.
Te marchas rápido y regresas despacio.
Me besas sin entusiasmo y me pides que te deje en paz un rato.
Me abrazas de vez en cuando y si te aburres me coges de la mano.
Te despistas en más de una ocasión y me pides perdón sin devoción.
Me sacudes la mente con tantas memeces y finjo por no perderte.
Me perturbas con intención para que sea yo quien tome la decisión.
Me angustias con tanta incertidumbre,
no sé como esperas que elude,
que no me deseas como antes ni me quieres en constante.
Me adviertes que esto no es cierto,
y yo,
ya doy por hecho,
sin ser un presentimiento,
que el fin,
ya ha dado comienzo.
Me ignoras con ganas y me diviertes sin ansias.
Me sonríes sin ánimo y me rechistas con descaro.
Me vacilas normalmente y me piropeas brevemente.
Te marchas rápido y regresas despacio.
Me besas sin entusiasmo y me pides que te deje en paz un rato.
Me abrazas de vez en cuando y si te aburres me coges de la mano.
Te despistas en más de una ocasión y me pides perdón sin devoción.
Me sacudes la mente con tantas memeces y finjo por no perderte.
Me perturbas con intención para que sea yo quien tome la decisión.
Me angustias con tanta incertidumbre,
no sé como esperas que elude,
que no me deseas como antes ni me quieres en constante.
Me adviertes que esto no es cierto,
y yo,
ya doy por hecho,
sin ser un presentimiento,
que el fin,
ya ha dado comienzo.
sábado, 6 de septiembre de 2014
Cleopatra
Entre tantas sombras varoniles,
surge un atisbo de destello femenino.
Aparece entre la maleza de los
grandes depredadores de la época, una felina con garras de oso, lengua de serpiente y
ojos de halcón.
La viva imagen de la gran Isis,
astuta y tan bella que no sucumbir a ella no es comprensible ni por los del más
allá.
Cuenta la leyenda que hechizo al
mismísimo Julio César, y a toda a una corte de legionarios brutos y casados.
Faraona griega, la última de los
Ptolomeo, tan fiel a su pueblo e imperio que nunca dudo de su causa por ellos.
Le gusta la algarabía, y beber
durante todo el día, una vida bacanal sin reglas de moralidad.
Leía filosofía, apasionada de la
biblioteca de Alejandría, llena de sabiduría que tan deseada y milenaria le ha
llevado a ser.
A nadie pertenece, a nadie jura,
mujer libre y segura, con poder sobre sí misma y en aquellos que creen que la
dominan.
Su fiereza le delata que su
sangre real innata no permite que se le asedie.
Lucha y combate contra el opresor
romano, incluso consiguió de ellos más de un aliado.
La vida se quitó ella misma, jamás
permitiría que un bastardo se diera esa alegría.
Cleopatra, aun mortales te honramos
y admiramos tu reinado y legado.
viernes, 5 de septiembre de 2014
Fluye
Me marchito,
superficialmente,
las mariposas se olvidaron de posarse sobre mí.
Voy dejando de brillar, de relucir,
metafóricamente,
pues mi insólita belleza ya no atrae a nadie de por aquí.
El cuerpo es un mero instrumento,
el tempus fugit cobra sentido en mí.
Solo sigo siendo una rosa,
relativamente,
porque mis raíces me han dejado de nutrir.
Y al fin,
en alma entera me convertí.
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