Mi cuerpo, cuerpo es,
Perfeccionado por la genética de
la semejanza humana.
Alta, rubia, delgada, encajo en
los requisitos para ser una Venus contemporánea.
Atributos heredados que
condicionan el sentido de la vista,
Y califican el grado de belleza
que merezco respecto a sus acomplejados gustos y deseos.
Mi imagen visual debe ser
simétrica con mi yo más abstracto,
Perceptible, si asumes fanáticamente los formulismos sociales,
Mi alma, alma no es,
Impenetrable por cualquier amenaza
externa,
Desconocida entre el resto de seres
animados que habitan en esta falsa cueva,
Auténtica, como la flor que
resurge sobre el cemento que bloquea su existencia,
Valiente como aquella que se
atreve a salir de la caverna.
Lo que ves, lo que ves no soy,
No soy esa chica bonita que sonríe
satisfecha ante el papel que le ha tocado interpretar.
Soy quien cuestiona todo lo aprendido
por la tiránica doctrina del pensamiento único,
La que subvierte su mundo por
derecho a crearlo y dotarlo libremente de sus ideas.
Aparentemente, soy quien irremediablemente se me designa ser,
Abiertamente, soy quien yo he decidido
ser,
Mi chica revolucionaria.