Escribo, sin saber que quiero expresar, escribo por
necesidad,
Por expulsar de manera masiva y pacífica lo que
llevo tiempo reteniendo.
Escribo, pero padezco el mal del pensador, no hallo
inspiración,
Nublada está mi mente, sin ver más allá de mis
frágiles preocupaciones accidentales.
Escribo, para nadie, porque nada puedo ahora
aportar,
Sin crítica personal, ni ganas de embaucar a los que
perdidos se quieren encontrar.
Escribo, y escribo sin escribir,
No tengo ninguna razón ni justificación, por más que
quiero no poseo ninguna lógica explicación.
Escribo, sin detenimiento, sin cuidado, sin ir
lento,
Escribo como el que se enciende un cigarrillo por
inercia y rutina,
Como la que suspira con desgana apoyada en la
ventana.
Escribo, y la conclusión final es inexistente,
No tiene forma porque no es obvia, no se puede ver,
a no ser que,
También sufras este mal tormentoso que a todo el que
cae le puede.
Escribir por escribir,
Por amor a decir aunque no tenga nada que añadir,
tan simple y absurdo que paradójicamente resulta complejo entenderlo.
Escribo como dosis necesaria para
vivir.