jueves, 3 de diciembre de 2015

Mi chica revolucionaria



Mi cuerpo, cuerpo es,

Perfeccionado por la genética de la semejanza humana.

Alta, rubia, delgada, encajo en los requisitos para ser una Venus contemporánea.

Atributos heredados que condicionan el sentido de la vista,

Y califican el grado de belleza que merezco respecto a sus acomplejados gustos y deseos.

Mi imagen visual debe ser simétrica con mi yo más abstracto, 

Perceptible, si asumes fanáticamente los formulismos sociales,

Y si aceptas como indefinido el contrato provisional conseguido por ser  ‘homo capitalisticus’.


Mi alma, alma no es,

Impenetrable por cualquier amenaza externa,

Desconocida entre el resto de seres animados que habitan en esta falsa cueva,

Auténtica, como la flor que resurge sobre el cemento que bloquea su existencia,

Valiente como aquella que se atreve a salir de la caverna.

Lo que ves, lo que ves no soy,

No soy esa chica bonita que sonríe satisfecha ante el papel que le ha tocado interpretar.

Soy quien cuestiona todo lo aprendido por la tiránica doctrina del pensamiento único,

La que subvierte su mundo por derecho a crearlo y dotarlo libremente de sus ideas.

Aparentemente,  soy quien irremediablemente se me designa ser,

Abiertamente, soy quien yo he decidido ser,

 Mi chica revolucionaria.