domingo, 10 de enero de 2016

Un cuento para mi hija



Dícese que antaño,
Cuando los animales eran esclavos y servidos en mesas,
Y  los bosques impunemente ardían a merced de las grandes empresas,
Las niñas como tú soñaban con ser princesas.
Las princesas ennoblecidas,
Pues antes las clases sociales te determinaban de por vida,
Tenían como meta encontrar un hombre que las convirtiera en perfectas reinas.
Ellas esperaban eternamente al destino prometido que susurraban las voces del castillo,
Asumiendo su posición que les desfavorecía y les provoca una dependencia colectiva.
No se cuestionaban ni preguntaban por la jerarquía de poder por la que eran oprimidas,
Y lo extraño, es que les sucedía como hábito,
No había día que no se cumpliera la profecía.
Aun así, todas sospechaban que algo había tramado un señor llamado patriarcado,
A él no le gustaba cuando de vez en cuando alguna se empoderaba y rebelaba,
Sin miedo a ser callada, osada y atrevida, gritaba, alborotaba, 
Y otras mujeres consiguieron despertar del enfermizo embrujo que durante años hubo.
Se reunieron, y mediante asambleas y reuniones,
Entendieron cuál había sido ese poderoso efecto,
Pues el hechizo desde que nacías te iba calando por dentro.
Juntas como hermanas,
Destronaron al gran malvado villano que les había condenado durante milenios,
Y por fin, las princesas dejaron de serlo para convertirse en mujeres libres,
como tú, como yo, y como todas las que quedan por vivir en este reino.